El Beneficio de la Duda

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Simultáneamente a la realización de “Mujer y argentina”, y quizás para no quedarme pegada al circuito tanguero, fueron surgiendo canciones a partir de unos textos encontrados en agendas y cuadernos de viaje. Meses atrás María Elena Walsh me había insistido en que musicalizara textos propios, y yo le hice caso. Revolví en papeles sueltos que habían sido escritos en estado de semiconciencia, -que en la mayoría de los casos no recordaba- y así fueron naciendo las canciones de “El beneficio de la duda”. La primera fue “Viajo sola”, y hablaba sobre un tramo del recorrido del bondi 31 en plena primavera cordobesa.
Cuando tenía ya unas cuántas canciones convoqué a Bam Bam Miranda, con quien grabamos las primeras versiones de los temas, y luego al Mono Hurtado, a Facundo Guevara y al joven Krichi. Era la primera vez que hacía y grababa temas propios, letra y música. Recuerdo claramente que me moría de miedo pero seguía adelante, con más dudas que certezas, en una especie de estoicismo que actuaba sólo movido por la pulsión del verso.
Siento que este disco tiene mucho de la contradicción de la década menemista, y la oscuridad de lo realizado desde el no-poder, desde no llamar aún a las cosas por su nombre. Pero ante todo es un grito de liberación femenina, de definiciones éticas y estéticas que, lamentablemente, me dejó bastante afónica.

Todas las Canciones de Liliana Vitale

Liliana Vitale: Piano y Voz
Krichi: Guitarras
Mono Hurtado: Contrabajo
Facundo Guevara: Percusión

Grabado entre junio y octubre de 1996 en el estudio
“La Casita de mis Viejos”

Grabación y Mezcla: Lito Vitale
Diseño: Mario Franco y Nora Sviderskas

Editado por CICLO 3
Producción Ejecutiva: Esther Soto
Coordinación: Donvi

Agotado

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Descripción

Simultáneamente a la realización de “Mujer y argentina”, y quizás para no quedarme pegada al circuito tanguero, fueron surgiendo canciones a partir de unos textos encontrados en agendas y cuadernos de viaje. Meses atrás María Elena Walsh me había insistido en que musicalizara textos propios, y yo le hice caso. Revolví en papeles sueltos que habían sido escritos en estado de semiconciencia, -que en la mayoría de los casos no recordaba- y así fueron naciendo las canciones de “El beneficio de la duda”. La primera fue “Viajo sola”, y hablaba sobre un tramo del recorrido del bondi 31 en plena primavera cordobesa.
Cuando tenía ya unas cuántas canciones convoqué a Bam Bam Miranda, con quien grabamos las primeras versiones de los temas, y luego al Mono Hurtado, a Facundo Guevara y al joven Krichi. Era la primera vez que hacía y grababa temas propios, letra y música. Recuerdo claramente que me moría de miedo pero seguía adelante, con más dudas que certezas, en una especie de estoicismo que actuaba sólo movido por la pulsión del verso.
Siento que este disco tiene mucho de la contradicción de la década menemista, y la oscuridad de lo realizado desde el no-poder, desde no llamar aún a las cosas por su nombre. Pero ante todo es un grito de liberación femenina, de definiciones éticas y estéticas que, lamentablemente, me dejó bastante afónica.

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